martes, 6 de mayo de 2008

Popurrí de llamadas

Sé que hace una semana que no escribo... ¿Acaso no he trabajado? Claro que lo he hecho, incluído el patrio dos de mayo, que es festivo local y claro que se trabaja.

Se me ha ido pasando dejar constancia escrita de unas llamadas de lo más jugosas (como los frentes nubosos de Mario Picazo), así que voy a hacer un resumen de lo más variopinto de los últimos días...

Hace pocos días me llamó un hombre que tenía unas dudas sobre su póliza, así que empezó a darme sus datos para que pudiera explicarle. Al final resultó que el hombre había cambiado su taller de pintura de local hacía más de un año, pero no la póliza, por lo que había estado trabajando todo ese tiempo sin seguro. Esto en sí, obviamente no es lo llamativo de la conversación, sino el hecho de que el hombre me comentara que todo le extrañaba porque la póliza "se la había hecho un amigo suyo, pero amigo, amigo, vamos, que pasaban la Nochevieja y se iban de vacaciones juntos y todo". Bien, señor, esto es un 902, le está costando un dinero considerable, ¿por qué me cuenta eso? ¿Cree que es importante para que yo le pueda resolver algo? Además, ¿a mí qué coño me importa?

Más tarde tuve la que sin duda fue la llamada del día y una de las de la semana. Al descolgar el teléfono escuché un muy sonoro "¡Buenas tardes!". Había dos opciones: o estaba muy enfadado, o muy sordo. La combinación de ambas hubiera sido mortal de necesidad. El hombre me contó que quería poner una queja porque las veces que había ido a la oficina de Linares no había encontrado al director, con el que quería tratar un tema. "Bueno, si quiere dígame de qué se trata por si podemos ayudarle nosotros". "Verá, es que es secreto", me dijo mientras apretaba su ChupaChups en el bolsillo. Así que le dije que las quejas se ponen por escrito y que yo podía darle la dirección a la que enviarlas, etc... "No, por escrito no, porque verá, yo tengo ya 82 años (de ahí la sordera) y veo bastante mal. Bueno, además es que sólo tengo un ojo". Apréciese en todo su esplendor el "además", dándole al argumento posterior un toque superfluo, casi contingente...

Y hoy ha llegado la perla del mes, una llamada por la que hubiera pagado por recibirla yo en vez de mi compañero: "necesito urgentemente asegurar un burro para llevármelo al Rocío".

martes, 29 de abril de 2008

Una de la limpieza

Empiezo aquí una breve serie retratística de distintos artistas invitados a mis tardes de insufrible trabajo. El primero, no por orden de importancia, es el de la mujer de la limpieza que se encarga de nuestro ala del edificio. No sé exactamente a qué hora empieza a trabajar, aunque alguna vez me la he encontrado en el autobús, así que imagino que a la misma que yo, a las cuatro, pero no es hasta las cinco cuando la veo empezar por la zona más cercana a los ascensores. Es bajita, de un rubio ya bastante poco natural, con gafas y de aspecto castellano, así que hablo de una mujer contenida, sin estridencias y con un gesto que invoca el despiste.

Cuando llega a nuestra parte de la planta, los más enrollados de mis compañeros le dan conversación de primera calidad: la familia, el fin de semana o los gustos televisivos. Nada hace mejor ciudadano que llevarse bien con los que te limpian la mierda.

Esta mujer limpia un poco al azar. Unos días te pasa el trapo, otros la bayeta, otros te barre debajo de la mesa y otros deja un rastro húmedo con la fregona por el pasillo que es imposible que sirva para dejar el suelo limpio. En cualquier caso, cuando se acerca a tu puesto, que estés hablando o no con algún cliente es algo completamente accesorio para su tarea. Si estás leyendo un número de una póliza a un cliente es fácil que acabes intentando convencerle de que su seguro acaba en el "100% algodón" de su trapo. Hay una zona que es la debilidad de esta mujer: debajo del ratón. Con qué alegría te lo levanta para quitar de ahí la media pelusa mensual que se forma. Menos mal que el ratón en mi trabajo no vale para casi nada (ver más abajo); imagino que nunca ha trabajado en un estudio de arquitectura. A pesar de todo, esta mujer lleva un par de días superándose. Deduzco que el ratón se le ha quedado pequeño a la hora del gozo de alzar, así que se ha pasado directamente al teléfono con el que trabajo. Inexplicablemente los dos días el cacharro ha dejado de funcionar (con llamadas en curso, claro), ante la atónita mirada de la buena mujer que juraría ante la mismísima Inquisición que ella no ha tenido nada que ver. "No, si yo no he hecho nada, se ha tenido que ir solo". Conclusión: abandono a MJ y me cambio de sitio junto a MC, el super supergay, que cuando se entera de qué estudio me acerca de forma altruista su revista Tiempo, confiando en que pueda esclarecerle los ocultos arcanos del sistema.

viernes, 25 de abril de 2008

Los "pogramas" o de cómo trabajar sin red

Antes de nada, quería disculparme por mi ausencia, pero ha habido importantes negocios esta semana en mi vida y requerían mayor atención...

Hoy quiero hablar de los programas básicos que usamos para trabajar. Son dos: por un lado está la base de datos de las pólizas y por otro el gestor de las llamadas telefónicas. Al principio teníamos un gestor telefónico bastante apañado, con menús desplegables donde podías elegir de forma rápida a qué departamento querías pasar la llamada. Siempre existía el riesgo de que se te fuera el dedo y le pasaras a los de las averías de agua un aviso de fallecimiento, con lo que podrían pensar "¿se habrán ahogado? ¿no se dieron cuenta antes de la fuga?", pero en general la cosa funcionaba bastante bien. Pero llegó un día crucial en que todo cambió: nos informaron de que íbamos a involucionar y que íbamos a pasar las llamadas marcando las extensiones en el teléfono que hay junto al ordenador y que yo pensaba que era casi más un adorno que algo útil. Así que al día siguiente me sentaron para un tutorial de quince minutos junto a mi compañera sudamericana cuarentona de pelo rojo, sí, esa que se hace esquemas de las circulares que indican cambios en la operativa. Tras explicármelo con la seriedad de quien maneja un reactor nuclear, me volví a mi sitio y ahí terminó mi formación. Al día siguiente, tres folios con todas las extensiones de los departamentos y a currar. No es que sea difícil, es que es muy aburrido.

Y luego está la base de datos... A ver cómo lo explico. La base de datos tiraría de maravilla en un 386 con 8 megas de RAM. Sí, creo que eso se adapta bastante a lo que quiero explicar. He contado nueve colores en todas sus pantallas. No sé como describir exactamente su funcionamiento, así que daré algunos datos bastante reveladores de lo "intuitivo" que resulta su manejo. Creo que lo primero es indicar que los campos no se pueden seleccionar con el ratón. Bueno, de hecho, funciona sin ratón, todo va con teclas. Pero las teclas no son sólo Tab y Enter, que todavía podría resultar bastante fácil. Para acceder a una pantalla en concreto, hay que pulsar Shift + F1. Bueno, el + aún no sé exactamente cómo hacerlo. Puede ocurrir que teniendo pulsando Shift, pulses F1 y te lleve a una pantalla diferente. Es decir: creo que hay unas décimas de segundo en las que hay que pulsar F1 o si no, no valdrá de nada que pulses Shift. Todo muy sencillo.

Por fortuna, existe el "cortar y pegar", aunque como ya os he explicado, no funciona el ratón, así que no se puede pulsar el botón derecho y seleccionar la opción. Tampoco puedes hacer Ctrl + C y Ctrl + V, así que sí, hay que ir a la pestaña de Edición y seleccionarlo. Por fortuna, las pestañas del menú superior sí funcionan con el ratón. Imagino que es una mejora de última hora.

De cualquier manera, aún queda que os hable del F3. El F3 vale para ir "atrás". Ojo, atrás no es justo al campo anterior o a la pantalla anterior. En muchos casos, atrás significa directamente "pantalla inicial". Es decir, puedes haber estado escribiendo el caso de doña Paqui, a la que han denunciado por no pagar la derrama del nuevo garaje, y que su caso, su teléfono y el número de su póliza se vayan al limbo en vez de al archivo. Aquí hay dos variantes: la primera, que el asegurado siga al teléfono y le preguntes de nuevo el larguísimo número de póliza con la timidez con que un polaco de la Varsovia ocupada le preguntaría a uno de las SS dónde para ahora el tranvía que iba a su casa; la segunda, que el asegurado haya colgado. En este caso, siempre me viene a la mente un fragmento de una película:

viernes, 18 de abril de 2008

Mi Gestenfeiser

Al igual que en el piso de arriba de los de Camera Café (serie en la que pienso todos los días) está Gestenfeiser, nosotros compartimos planta con los gestores de banca telefónica de un importante banco nacional. Yo, además, estoy justo pegado a ellos, de forma que tengo casi más cerca a una mujer de esta campaña que a la mismísima MJ. Esta mujer, que rondará los cuarenta años, es amiga (creo que personal) de IG, mi corpulenta compañera. No he cruzado todavía (y rezo por que así siga) ni una sola palabra con ella, a pesar de que tiene ese "tic" de las mujeres mayores que buscan tu mirada con avidez esperando entablar conversación a partir del más mínimo pretexto. Aunque no lo creáis, es complicado evadirse cada día de una situación así: esa mujer quiere hablar conmigo y puedo apostar a que lo conseguirá antes de que me marche. También puedo añadir que solamente escuchando sus conversaciones he aprendido muchas cosas, sobre todo de su hijo JM, que tiene nueve años, dentista la semana que viene y una infancia difícil a juzgar por las apariencias.

En mi Gestenfeiser hay otros personajes dignos de mención, como la moderna cuarentona de voz francamente desagradable o el grueso hombre que podría encarnar un jefe indio en cualquier película. En general, parecen un poco más espabilados que mis compañeros, aunque tampoco apostaría por ellos en un Gran Prix. Sus supervisores en cambio son más concienzudos, y por eso a veces se escucha algún "¡Fulano! ¡Agiliza la llamada!" o "¡Esos no son los datos que te pide el cliente!" bastante amenazantes.

Cuando se marchan, una hora antes que nosotros, arman bastante escándalo (sobre todo la cuarentona, que grita bastante), y me viene a la cabeza eso de "Tanta paz llevéis como paz dejáis"...

jueves, 17 de abril de 2008

La llamada de hoy

"Hola, mire, es que el otro día llamamos para declarar un siniestro, porque las ratas se habían comido el codo de la bajante..." En primer lugar: "el codo de la bajante" forma parte de ese grupo de expresiones que a la gente le encanta utilizar en su afán de recurrir a un vocabulario específico. Pero la llamada no era todavía interesante por esto. "... pero no le llamo por eso, sino porque después de que vinieran el fontanero y el albañil se me ha aflojado uno de los muelles que sujetan los focos y se ha caído uno. Y verá, yo ya estoy obsesionada". La llamada cobraba un nuevo e interesante matiz, porque no me imaginaba a nadie obsesionado por un foco que se cae. "Así que he montado guardia en el baño, y al rato... Pues he visto a la rata asomarse por el hueco del foco, y tío, ¡me ha dado un asco!" Moraleja: los recuerdos traumáticos agudizan la empatía.

Las llamadas

Hay un gran abanico de tipos de llamada al que te puedes enfrentar. La experiencia te hace irlas agrupando poco a poco en grupos, de forma que tras pocas palabras, uno ya está más o menos preparado mentalmente para afrontar la conversación. A continuación voy a intentar hacer una primera clasificación de esas frases o expresiones.

"Vamos a ver..." Hm... Llamada en principio peligrosa. En un alto porcentaje de casos, se trata de alguien que ha solicitado algo y no se le ha proporcionado; lo más frecuente es el clásico "es que yo tuve una rotura aquí en el baño y ya vino el fontanero a arreglarla y ahora falta que venga el albañil a taparme el hueco, que llevo ya un mes con el agujero..." Si ha ido el albañil, lo que falta es el pintor, "que dijo que iba a venir el jueves pasado y no sé nada de él".

"Verá, yo es que he recibido una carta de ustedes..." Caso peligroso, pero por pelmazo. Cuando la gente lee una carta de la compañía y no la entiende, te va a dar el coñazo. A partir de aquí las posibilidades son amplias. Desde gente que reclama que el seguro le sube dos euros al año, hasta los que llaman preguntando "qué es eso de la asistencia informática" y que cuando les contestas que se refiere a los ordenadores que tengan en casa dicen "ah, muchas gracias". ¿Qué pensaban que cubría? ¿Los galanes de noche?

Si al recibir la llamada escuchas a la persona que llama hablando bajito con alguien, puede significar muchas cosas. Pero casi siempre significa que te va a gritar, bien porque se ha asustado o bien porque cree que no la oyes. El efecto sería "a ver si me lo cogen, porque esto es carísimo..." "¿En qué puedo ayudarle?" "¡¿HOLA?!"

"Mi número de póliza es el..." Ojo, una persona que comienza una conversación así puede incluso llegar a tomarse mal que la interrumpas para preguntarle qué quiere. Es como si entras en una tienda de ropa y lo primero que haces es enseñarle la tarjeta de crédito a la dependienta para demostrar que puedes comprar.

Y una de mis favoritas: "Hola, buenas, mire, le llamo de aquí de..." Gallego. Casi sin excepción. Ignoro de qué manera se introdujo el teléfono en Galicia a lo largo del siglo XX, pero los gallegos tienen una predisposición natural a decirte primero el lugar desde el que llaman, antes que cualquier otra cosa.

miércoles, 16 de abril de 2008

La llamada del día

Bienvenidos, queridos amigos, un día más, a la única sección fija de este blog que lleva tres días de vida. Hoy la llamada del día se la vamos a adjudicar a un señor, del que no he podido siquiera recoger sus siglas, por la brevedad de la llamada. "Hola, buenas tardes, que tenemos aquí una avería, a ver si podían venir a echar un ojo". "Bien, ¿qué tipo de avería es?", una pregunta que por la experiencia resulta mucho más ambigua de lo que en realidad es. "Pues verá, es una familia de tres mujeres, que tienen 93, 84 y 86 años...". Pausa. Yo he comenzado a pensar: "efectivamente, una familia así es una avería aunque técnicamente el uso de la palabra sea incorrecto. ¿Terminará aquí la llamada? ¿Se referirá a otra avería? Obviamente, si llama para otra cosa teniendo eso como punto de partida, se trata de una avería verdaderamente grave. ¿Estará llamando el hombre donde realmente quiere? Creo que TeleLourdes cerró hace un tiempo." Estos pensamientos, que se han agolpado en mi cabeza en unas pocas décimas de segundo han sido interrumpidos con la final intervención del hombre: "... y se les ha ido la luz". Menos mal... ¿O no?